Posada de campo Gondwana
Bed & Breakfast

Nuestros huéspedes

[02/2008]
En el puerto de Colonia subimos en un taxi, él que en nada más que cinco minutos nos llevó al campo: Viñas, sendas, pastos ondulados, y al horizonte brillaba el Rio de la Plata. Enseguida nos olvidámos del caos y del estress de Buenos Aires. La Posada Gondwana se parece con una pequeña Quinta, y desde que ahí pusiéramos pié supimos que irnos nos iba a costar mucho. Pero afortunadamente nos quedaron tres días por delante y los disfrutámos caminando por el jardin cálido, leyendo, nadando en la pileta grande y tomando un mate en nuestra terrazza, mientras mirábamos el puesto del sol sobre el Rio de la Plata. Ni siquiera nos enterámos de que no éramos los únicos huespédes, apenas nos cruzámos con ellos durante el desayuno, que nos esperaba, abundante, sobre una larga mesa de madera. Mas allá del rico desayuno, nos llamaron poderosamente la atención los vários detalles amenos que cuidadosamente luce la Posada, tal cómo el mobiliário de las habitaciónes, la hamaca paraguaya colgada entre dos árboles, el antíguo juego de Crocket y las toallas coloridas para las reposeras, sólo para nombrar algunos. El día seguinte, los dueños, Andreas e Isabelle, nos dieron dos bicis y fuimos descubriendo los alrededores. Llegámos a una playa solitária, donde nos sentimos como verdaderos Robinson Crusoes. De regreso en la civilización, Andreas e Isabella nos convidaron para una torta de manzana suiza y nos contaron de sus planos de en algun momento oferecer algunas habitaciones más que las tres que brinda la Posada actualmente. Pero, cómo nos aseguró Andreas, eso no va a impactar la tranquilidad y atmosfera especial del lugar.

Despedirnos nos costó, tal cómo lo habíamos anticipado. Sin embargo, hubo consuelo: Vamos a volver seguramente.

Julia Knobloch, Germany